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Imagen: Psicotep
Extracto del libro "Curar el trauma", de Ann Frederick y Peter A. Levine, publicado en el año 1999.
Por: Ann Frederick y Peter A. Levine.
Con la misma seguridad con la que oímos la sangre
en nuestros oídos, el eco de un millón
de alaridos nocturnos de monos, cuya última imagen del mundo
fueron los ojos de una pantera, tiene sus huellas
en nuestro sistema nervioso.
Paul Shepard
La clave para curar los síntomas traumáticos en los seres humanos reside en nuestra fisiología. Cuando nos enfrentamos a lo que percibimos como ineludible o como una amenaza abrumadora, los seres humanos y los animales utilizamos, ambos, la respuesta de la inmovilización. La cuestión más importante que debemos comprender respecto a esta función es que es involuntaria. Esto significa, sencillamente, que el mecanismo fisiológico que gobierna esta respuesta reside en la parte primitiva, instintiva, de nuestro cerebro y de nuestro sistema nervioso, y que no se encuentra bajo un control consciente. Por este motivo, opino que el estudio del comportamiento del animal salvaje resulta esencial para la comprensión y la curación del trauma humano.
Las partes instintivas e involuntarias del cerebro humano y del sistema nervioso son prácticamente idénticas a las de otros mamíferos e incluso a las de los reptiles. Nuestro cerebro, a menudo definido como tríada, consiste en tres sistemas integrales. Estas tres partes son comúnmente conocidas como el cerebro reptil (instintivo), el cerebro mamífero o límbico (emocional) y el cerebro humano o neocórtex (racional). Dado que cuando se percibe una situación que amenaza la vida, las partes del cerebro que se activan son las que compartimos con los animales, es posible aprender mucho a través del estudio de la forma en que algunos animales, como el impala, evitan el trauma. A fin de llevar este argumento un poco más lejos, creo que la clave para la curación de los síntomas traumáticos en los seres humanos reside en nuestra capacidad de representar la fluida adaptación de los animales salvajes cuando se sacuden y salen de la respuesta de inmovilización para volver a moverse y a funcionar plenamente.
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